Esperanza es ver de nuevo salir el sol de entre las estrellas
Es cavilar, meditar caminar ciegamente en la oscuridad,
es enmendar errores bajo el mantón de estas bellas doncellas

Esperanza es poder escapar del brusco temporal que te atenaza
Es incansable esquivar las olas que con violencia te golpean
Es salvaguardar tu corazón bravamente bajo tu coraza.

Es ahogarse, sobrevivir y refugiarse de la lluvia….Porque, de algún u otro modo al final siempre saldrá el sol.

En mi cabeza oigo la llamada, oh! sé que esto sólo es el inicio
la radiante luz de mi vela se ha fundido y ahora sólo queda oscuridad
Ansiosa y veloz me aproximo a la ventana, miro hacia el cielo
Siento el frío que cala en mis huesos, pero, ¡Oh! Esto sólo es el principio


Un estruendoso ruido me llena martilleando con fuerza en mi cabeza
Mientras, mi cuerpo fatigado se eleva sucumbiendo a su llamada
Oh! me siento extraña, emergida bajo el manto de esta rareza.
es cuando atrapo a la luna y la mezo entre mis manos, en la helada.

Y es tu voz, tu llamada la que se funde a lo lejos con el paso del tiempo, un quedo murmullo, la llama del sol que se apaga….



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Sentada en este oscuro y feo callejón
Veo dos faroles luminosos cuales ciegan mis ojos;
alguien fuertemente me golpea de un basto empujón
y mi lengua con levedad prueba el sabor de mis labios rojos

Son esos, tus dos faroles, tus ojos,
los que con su desidia me miran, los que me traspasan el alma
es ya tu mano la que con brusquedad separa la mía,
es mi piel rota por la lejanía de tus besos cansados


‎...Y mil océanos de hielo ocultan tu reflejo más allá del abismo de mis recuedos.




LA NIÑA AZUL.



Una mañana la pequeña niña azul repentinamente al percibir cual ruido extraño despertó de su sueño. Tras la larga oscuridad de las sombras, cuando el cielo empezaba a clarecer la pequeña muchachita miró cuidadosamente a su alrededor fijando terminantemente la vista en aquellos muros de papel que de forma imponente abrigaban su habitación. PÁJAROS de hermoso y colorido plumaje yacían dichosos incrustrados en los imponentes y acogedores muros de aquella pared luciendo coqueta, vistosamente la aparente viveza de sus colores, pájaros de antaño, pájaros del ayer. EN la oscuridad… ya en tiempo presente, por estas fechas… la pequeña niña azul contemplaba aquellos aflijidos pájaros desnudos que con gran pesar la contemplaban con fatigoso y melancólico aire de culpabilidad , de vergüenza, de congoja. LA habitación se tornó fría, la estancia se tornó gris, las paredes resquebrajadas libraron su abrazo, el sol se disfrazó lenta, tímidamente tras las marcadas líneas del horizonte, las ventanas heladas se cerraron para siempre conservando su extraño hedor de sabor acre.

-“CABEZA de lunática, aprende , guarda los sabios consejos de tu benefactor, admite que él jamás volverá, estás muerta. Tu hazaña ha terminado. Sal de tu confín, esclava cautiva……, sal a saciar tu locura, es hora de volar, de dejar el pasado atrás, es hora de crecer, de enlazar la libertad”. Sigue sola tu marcha, corre, no mires atrás…; es la realidad.

Aquellas palabras eran cuchillas clavadas en el corazón y en aquel instante comprendió una cosa ; por siempre sería la niña azul.

CARTA DE NAVIDAD A UN AMIGO.





Querido amigo:


Te mando el calor de estos brazos

que con fuerza te estrecharán

para darte ternura en estos abrazos.



Te mando un millón de besos

Besos, grandes, eternos

Colmados de amistad y buenos deseos



Te mando esta dulce sonrisa

Para que de luz tu rostro ilumine

Para que jamás se apague tu risa



Te mando mis pequeñas manos

Para que las guardes entre las tuyas

Y evitar horizontes lejanos



Te mando el brillo de esta mirada

Para que con amor mis ojos te guíen

Y la tuya no se sienta perdida, apenada.



Te mando la llave de este baúl de secretos

Para que con cuidado mi corazón abras

Y allí escondas compartidos los tuyos



Te mando la esencia de este alma

Para que jamás a esta amiga olvides

Para que en mí halles la calma.



Y esta duendecilla, una fría noche del 25 de diciembre, en su habitación abrió la ventana, alzó la vista al cielo, y allí perdida entre las sombras de la oscuridad de la noche una estrella fugaz la saludaba. Ella, cerró los ojos con fuerza y alzó la voz:

-“Amigo, todo esto es lo que yo deseo para ti”.No hay nada en el mundo que me haga más feliz.

¡¡¡¡¡Espero que mi regalo te guste!!!





Y lo mismo os deseo a todos vosotros en estas navidades que la cercanía y el calor de los vuestros colme de alegría e ilusión vuestros corazones, que no haya lugar para el pesar y la tristeza.

FELIZ NAVIDAD









LA HUELLA.


Transcurrieron tres años desde que su sombra partió hacia las estrellas, pero....fue ayer.

Y todavía acariciaba el exquisito tacto de su aterciopelada piel de luna y saboreaba su insaciable aroma a lavanda, ahora entremezclado con amargo sabor a ausencia. Todavía sentía sus penetrantes ojos ceniza sobre los suyos y su ondeada melena jugueteando entre sus dedos y aquel leve "te quiero" cual susurro lamiendo sus oídos acallado por el alto griterío de sus camaradas.

Y su cuerpo permaneció inerte observando el profundo vacío azul. Una botellita atisbó, que no dudó en alcanzar. Retiró el papel que ésta contenía y leyó:

"Tuya siempre".

Entonces, alzó la vista al cielo y sus risueñas miradas se entrecruzaron tras la fina línea del horizonte.



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EL MENSAJE.




Isabel asomó de nuevo su diminuta cabeza a través de la ventana de su habitación desde el fastuoso Hotel Monte Igueldo. La brisa peinaba sus grises y ondeados cabellos tal como si fuera un peine de cristal. Una excelente vista se levantaba ante sus envejecidos, cansados ojos. Justo al lado, la despoblada Isla de Santa Clara, como siempre tan majestuosa frente a la destacable Playa de La Concha. Isabel respiró hondo, un suspiro quedo emitió de su boca. De inmediato un sinfín de imágenes, palabras y sonidos parecieron emerger desde la más oscura profundidad de las aguas hasta confundirse con la ya violácea línea del horizonte. Palabras, imágenes, sonidos de un suave sabor a sal azorados, golpeando sin piedad las rígidas paredes de su mente. Fue entonces cuando aunque, por tan sólo unas cuantas milésimas de segundos su añorada infancia se postró a su lado junto a aquella angosta callejuela, compartida con su gran e inseparable amiga Leonor, hija de Leonor Coello, también amiga de su amada madre, famosilla nata por aquel entonces, debido a la invención de su muñeca: “Mariquita Pérez”,copia exacta de su propia hija ya que, poseía el mismo cabello moreno de Leonor, liso y cortado a melena, los mismos ojos oscuros y redondos, e incluso la misma vestimenta, lo cual resultaba novedoso en aquella época, y extrañamente divertido para Isabel y la madre de ésta. Y de nuevo aquellas inocentes vocecillas infantiles, aquellos gritos, aquellas risas, aquellos ingenuos juegos infantiles junto a “Mariquita Pérez” antes de la hora del almuerzo conformaron memorias adormecidas por el real transcurso de los años que ahora se desvelaban dolorosamente en su mente. Y así, presurosamente, del mismo modo volvieron aquellas terribles agonizantes memorias en la Catedral del Salvador enlazadas al inafortunado y desgarrador entierro de su difunta madre, a la desoladora despedida de Leonor, de su forzada marcha hacia Valencia, donde tía Isidora y Arcadia, la nueva compañera sentimental de papá tras el divorcio de su mamá, la esperaban. Pese a la dureza de los tiempos, Isabel recordaba con gran cariño la convivencia con su tía Isidora, hermana de mamá, una pobre, humilde y sencilla mujer trabajadora y a Arcadia, la esposa de papá, que pese a su cortesía nunca superaría a mamá…Y así, estaba la anciana Isabel, con mirada ausente, fija al horizonte, entretenida en sus recuerdos, en fugaces momentos del ayer hasta que un fuerte ¡Plaf! la hizo sobresaltarse y volver a la realidad. La anciana, enervada dio unos cuantos pasos hacia adelante desde la ventana y con ansiosos movimientos intentó averiguar de donde procedía aquel estruendoso ruido, nada advirtió hasta que, al cabo de unos segundos volvió a oír un sonido similar pero, percatándose esta vez de la puerta entreabierta de su guardarropa. Sin dudar, la mujer abrió precipitadamente el armario donde halló a “Mariquita Pérez” ataviada con un vestido Vichy de rayas rojas y blancas, dos lazos en el pelo mismo tejido y zapatillas a juego. ¿Cómo podía ser? Se preguntó Isabel, ella era justamente la muñeca de su amiga, la misma con la que ambas jugaban en aquella fea calleja. Isabel la cogió a “Mariquita” asombrada estrechándola entre sus brazos, tiernamente la depositó sobre su mesita de noche, y en un abrir y cerrar de ojos se durmió, hasta que la encendida y molesta luz de la lámpara la despertó y en lo que es un santiamén el mismo estridente ruido de antaño escuchó.

-¿Quién anda ahí?-Preguntó.

Y fue entonces, cuando se percató de que “Mariquita Pérez” ya no se encontraba sobre la mesita de noche. Atemorizada, la anciana creyó ser víctima de un robo más, no osó de llamar a la policía finalmente, supuso haber sido un despiste de su aún amueblada cabeza hasta que, de nuevo abrió el armario y observó atónita anexa a “Mariquita Pérez” una ambigüa pluma sobre una nota cuya letra le resultaba familiar.

“No desesperes, amiga mía porque, a pesar del tiempo que pasó lo importante es que ahora estamos aquí juntas, unidas para siempre y yo hoy he venido a buscarte. Ahora que has leído mi nota abre la puerta que hay al fondo de tu armario, tras tu ropa, tras estas perchas. No temas. Yo estaré ahí con los brazos abiertos para recibirte, como siempre.

Leonor. ”


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