POR LA BOCA.

Todo comenzó cuando Blanquita se comió a sus cachorros. Ahí comenzó todo, en aquella tórrida tarde de verano en la que el dorado sol nos saludaba desde nuestras respectivas ventanas ante el resplandeciente cielo azul. Finalizaba para mí el curso de 4º de E.G.B. Todo aprobado, bueno, casi todo, excepto en mi habitual y patética nota en Matemáticas por la que, mi padre siempre me regañaba:

-¡No te esfuerzas, Sofía! ¡No estudias lo suficiente! ¿De qué me sirve la academia a la que te estoy llevando?

-¡No sé, papá! ¡Lo estoy intentando! ¡No puedo! ¿Qué quieres que haga? Además, son un rollo. No soporto los problemas ni esas horribles formulitas-Decía yo, con mi dulce vocecita de once años.

Observaba a Leticia, mi hermana pequeña, ella no es que fuera más estudiosa que yo. Más bien, lo único que hacía era pasearse todo el tiempo holgazaneando de un lado a otro con sus estúpidas muñecas o viendo sus series favoritas en la televisión y sin embargo, sacaba mejores notas que yo, sobretodo en Matemáticas. Y yo esforzándome, dejándome la piel en éso. ¡No era justo!

Un día de éstos tan caluroso fijé la vista en la ventana de mi habitación. Desde lo alto vi a papi, que traía algo bajo el brazo. Era una jaula en cuyo interior habían dos ratoncitos. Se trataba de un precioso macho canela con ojos color azabache al que pusimos por nombre Zumosoli y de una hembra blanca de ojos rojos a la que llamamos Blanquita. Papá dijo que se los había regalado una amiga suya. Éstabamos tan entusiasmadas con nuestro regalo...Yo dejé a un lado la videoconsola, con la que acostumbraba a jugar después de un día ajetreado de cole, mi hermana hizo lo mismo con sus muñecas. Ahora era éste, éste nuestro verdadero juguete viviente. Ambas nos divertíamos observando a esos peludos animalillos en su jaula, sacándolos de su jaula para pasearlos por el balcón. A menudo, cuando solía venir mami a casa poníamos la jaulita con sus huéspedes sobre la pequeña mesita que hay junto al sofá. Mamá, los miraba con cara de repugnancia al llegar, y decía:

-Quítamelos, quítamelos de mi vista.

Un día cuando volví del cole mamá se mostró un tanto extraña. Al verla de esa manera, me atreví a preguntarla:

-Mamá, ¿Qué te pasa? ¿Pasa algo?

-¡Malditos y asquerosos bichos! ¡No los aguanto más! ¡Mañana mismo se van de aquí!-Estalló mamá.

-Pero, ¿Por qué? ¿Por qué dices éso mamá?-Dijo mi hermana Leti.

- ¡He dicho que mañana mismo se van y punto!-Dijo mamá alterada.

-Pero, no puedes hacer éso. Son nuestras mascotas. Papá nos las regaló, las queremos. ¿Qué derecho tienes a quitarnos nuestro regalo?.

-Da igual, con lo que he visto hoy es suficiente-Prosiguió mamá.

Pero, ¿Qué has visto?- Pregunté yo.

Algo horrible, asqueroso.

-Pero, ¿El...qué?-Insistí.

-Bueno, es que siento asco hasta de decirlo pero, está bien os lo contaré de una vez por todas. Que sinó capaz que me agobiáis todo el día con vuestras preguntitas y no me dejáis tranquila. Bien, pues esta mañana cuando iba a fregar la galería miré hacia donde estaba la jaula, sabía que algo raro ocurría y ¡Dios! ¡En efecto! ¡Jamás he sentido tanto asco en mi vida!

-Pero, ¿Qué ha sido lo que has visto que has sentido tanto asco?-Volví a insistir.

-Vi que vuestras ratas horribles habían tenido crías. Pero, nunca imaginé ver una cosa así. Pero, ¡Vi a Blanquita! ¡Blanquita, comiéndose a sus cachorros!

Así fue, Blanquita, Blanquita se comió a sus cachorros. Quién sabe si también Zumosoli. Por entonces, no supe como reaccionar, me quedé estupefacta, mientras aquellas palabras rebotaban en mi mente: -Blanquita, Blanquita se comió a sus cachorros. No podía creerlo. ¿Cómo podría haber hecho Blanquita una cosa así? Poco más tarde, temerosa me acerqué a la jaula de Blanquita y Zumosoli. Afortunadamente, no vi nada en su interior, ningún resto pero, al mirar por la ventana de nuestro balconcito acristalado vi un ratoncillo carnoso con la barriguita repleta de hormigas. Inmediatamente se lo mostré a Leti, la cual hizo una mueca de asco. Y ahí comenzó todo. Ahí comenzó nuestro asco por los ratones. Mamá, ya los detestaba desde el principio así, que hizo que papá se los llevara lejos, lejos de casa. No sé, a dónde irían a parar, no sé lo que serían de ellos. No sé, si dirían que estaban asustados, que de pena murieron.

7 comentarios:

amor es libertad dijo...

pero en algunas especies es normal, ¿no?

aunque claro, a un niño le tiene que impresionar

bs

*Sechat* dijo...

Supongo que a mí me hubiera inspirado igual reacción si me hubiese sucedido. De hecho, en cuanto leí la frase propuesta no pude evitar un gesto de asco...

Esther dijo...

¡Ja,ja,ja! Me reí, hermanita. Me hiciste recordar esa experiencia, aunque te olvidaste de Laika, que empujó al ratoncillo hacia abajo al quedarse éste en la barandilla. Cambiaste algunas cosillas, muy bien adaptadas :) Me hiciste recordar varias cosas, como cuando tb los paseabamos por el balcón y uno se quedó atascado en el desagüe y no lo podíamos sacar pero, al final papá nos ayudó. ¿Eso no sucedió en 3º de EGB? ¡Aaaaaaay! Hermanita ¡qué tiempos aquellos! Y qué asquerosa experiencia: la rata esa muerta y aplastada contra el asfalto, llena de hormigas, rosada, sí que la vi ¡aaaaaay! ¿Podré superarlo algún día?

Muy bien redactada tu historia. Me gustó mucho y me trajiste tantos recuerdos... ¡aaaaaaaaaaaaaay! (suspiro) qué injusto es no poder volver, lo echo tanto de menos...

Besitos.

Dinorider d'Andoandor dijo...

ah si, los ratones se comen entre ellos si no hay comida, y no dejan rastro

terribles son

ninive dijo...

La forma de cuento con la que narras la historia contrasta con el final,casi de peli de terror (instantes antes de que ella descubriera el ratonín con las hormigas ya le imaginaba una banda sonora de suspense) :) y adaptas muy bien la frase al relato.
Enhorabuena y bienvenida!

Alatriste dijo...

Veo que te has enganchado también tú al Cuentacuentos. Je, je, je.
Es bonita la iniciativa, sobre todo porque así escribes con más frecuencia y puedo leerte.
Es un placer venir por aquí y perderme en tus palabras.
Cuídate, niña y enhorabuena por lo bien que narras.

Alatriste dijo...

Feliz fin de semana, amiga.
Espero poder leer pronto uno de tus maravillosos cuentos.
Me tienes enganchado.
Cuídate.