LA AYUDANTE.



La nieve del frío invierno al contraste de su oscura y fría habitación asomaba generosamente desde su ventana. No sabía cuanto tiempo llevaba ahí metida, en aquel horrible lugar , no entendía el porque estaba allí por muchas vueltas que diera su cabecita, no llegaba a comprender que llevaría a su amada madre a dejarla allí en aquella temprana mañana, quizás era demasiado joven para entenderlo, quizás algún día lo entendería y entonces, sus dudas se disiparían . Sólo sabía que ahora se hallaba allí, en aquel lugar horrendo, que en su hogar se había convertido, a veces, acompañada de la tristeza de aquellos rostros tan frágiles e inocentes como el suyo propio. Y ahora estaba ahí, en la guarida de su siniestra habitación, postrada en su cama, rodeada de oscuridad, haciendo algo o tal vez nada. Aún podía sentir la humedad en las paredes y observar las enormes goteras que parecían caer desde el techo. El día había tocado prácticamente a su fin, a lo lejos se podían percibir los últimos y débiles rayos del sol en su despedida tras las heladas montañas. Era casi la hora de la cena pero, Alina no bajaría a cenar, de éso estaba segura. Tras tanto meditar a punto estaba de sumirse en profundo sueño, pues era la única forma de evadirse de todo aquello , cuando un estruendoso ruido la hizo volver a la cruda realidad. Alina atemorizada, de su cama se levantó impulsivamente correteando exaltada de un lado a otro, intentando observar en busca de una señal, removiendo lo escaso del gélido cuarto pero, nada. Más serenamente, volvió a acostarse convencida de que aquello había sido fruto de su sueño, cuando de repente aquel fuerte sonido la alteró de nuevo. Alina miró de nuevo por todas partes del cuarto, revolviéndolo todo pero, nada. Juraría que aquel misterioso ruido procedía de la ventana. Se acercó a la ventana pero, todo seguía igual, no había nada allá afuera, no había nadie ahí. Entonces, la niña partió de la estancia, descendiendo sigilosa las largas escaleras. Ya en la entrada, abrió con esfuerzo el pomo de la puerta. El frío calaba sus huesos, sus pies desnudos adheridos a la nieve. Temerosa y curiosa a la vez, caminó unos pocos pasos cuando un misterioso hombre llamó su atención. Se trataba de un anciano de comprensión alta y delgada, vestido con un singular traje el cual, portaba una anticuada capa de pieles. Alina, aterrada procuró hacer eco de valentía y decidida se acercó al misterioso viejo. Seguro que al percatarse de su presencia preso de la sorpresa huiría aquel ladronzuelo.

-¡Hola! ¿Qué le trae por aquí?- Se atrevió a decir Alina a las espaldas de aquel hombre.

Entonces, el viejo se dió la vuelta, y por un instante la observó sin mediar palabra, sólo fue un instante pero que a Alina la pareció eterno. Sus ojos eran tan misteriosos como sus arapientas ropas y como él mismo.

-He venido a buscaros, Alina.- Dijo al fin brevemente el viejo.

-¿Buscarme? ¿A mí? Y, ¿Cómo sabes mi nombre?-Preguntó la pequeña perpleja.

-Vos habéis sido elegida-Respondió el hombre con tenue voz.

-¿Elegida? ¿Para qué?¡No pienso irme con usted! No se me permite ir con extraños.

-Mi nombre es Nicolás, San Nicolás de Bari y vos señorita habéis sido elegida por su bondad, por su generosidad para repartir regalos junto con mi Elfo Black Peter. -Se explicó él.

-¿San Nicolás de Bari? ¿Un Santo venido desde la más remota antigüedad? ¿Santa Claus?-Dijo la niña sin salir de su asombro.

-El mismo. Respondió él con un guiño.

-Y, ahora apresúrese, señorita que tenemos que ir primero a mi alcoba a recoger los regalos, que nos espera un viaje largo, muy largo.

Entonces, en aquel momento Alina se subió a los hombros de aquel hombre y juntos anduvieron desde las heladas tierras rusas durante el resto del día y gran parte de la noche. Al día siguiente, Alina se encontraba en una atractiva y suntuosa mansión con la barandilla de las escaleras e infinidad de piezas de oro. Alina, no conseguía salir de su asombro. Nicolás subió escaleras arriba y abrió una puerta tras la cual, se hallaba una sala enorme cuyo interior permanecía habitado de extraños y diminutos seres de puntiagudas orejas que se aproximaban a unas máquinas de considerable tamaño donde parecían elaborar con delicadeza sus juguetes y demás artilugios. Alina no podía evitar mirar con pasmo a aquellos seres. Ella estaba convencida de que sólo existían en los cuentos.

-Os presento a Black Peter, vuestro compañero de equipo.-Dijo el hombre bajándola de los hombros.

Black Peter saludó educadamente a su nueva compañera mientras la miraba con atención. Se trataba de un enano hombrecito de tez morena y oscuros cabellos.

-Mañana al amanecer, partiremos, no hay tiempo que perder, ahora-Dijo Nicolás dirigiéndose a Black Peter muéstrele a esta jovencita su aposento, y disfrute de su estancia , señorita.

Black Peter llevó a la niña a su aposento, tal y como el sabio le había ordenado. Black Peter era un agradable y noble hombrecillo aunque, de pocas palabras. Enseguida, se sintió cómoda en su calentita y grata estancia, nada comparada con la anterior. Una preciosa y señorial alfombra pisada bajo sus pies.

-Ojalá pudiera permanecer aquí para siempre en lugar de estar en aquel espantoso cuchitril.-Dijo la muchacha para sus adentros.

Y más tarde, muerta del agotamiento se tendió sobre la cama no sin antes, probar aquella deliciosa cena en la grata compañía de San Nicolás y su camarada, Black Peter.

Pronto llegó la madrugada, acompañada del más hermoso de sus destellos. Y los tres juntos, Nicolás, Alina y Black Peter recorrieron el mundo, postrados en el caballo de San Nicolás, y juntos , repartieron regalos y cantaron villancicos, haciendo gala de su generosidad y su bondad.

Cuando todo hubo acabado Alina, volvió a encontrarse de nuevo en su triste y apagado hogar.

-¿Volverás?-Dijo la niña con lágrimas en los ojos.

-Claro que sí, tenedlo por seguro -Contestó el viejo, mientras con un dedo rozaba suavemente su mejilla.

Entonces, súbitamente Alina abrió los ojos y de nuevo observó su oscura y fría habitación de húmedas paredes y enormes goteras en el techo. Pero, hoy era feliz, muy feliz. Y estaba segura de que guardaría su secreto, lo guardaría por mucho tiempo.

12 comentarios:

Fujur dijo...

Tengo que conseguir ponerme la música tal y como has hecho. Me gusta mucho cómo suena! ;-)

amor dijo...

sara, si eres la ayudante de santa claus y no nos lo has contado en todo este tiempo, ya era hora

ya hablamos y te digo lo que quieren mis hijos

un beso

s

(¿a mí me traerías un montón de sonrisas esta vez no amargas?)

Cálida Brisa dijo...

Alma Azul
Deja en mi blog tu fecha de cumple y te busco lo de tu angel.
Volvere a contestarte al pots.
Besitos

Dinorider d'Andoandor dijo...

qué bonita la historia

gracias por el regalo

me saludas al duende, no le conocía, él no es el que pega a los niños que se portaron mal, no?

Esther dijo...

¡Hermanita!

¡Tengo que decirte que tu historia está chulísima! Me gustó muchísimo, es capaz de repartir ilusiones. Muchas ilusiones cuando se es niño, quedan olvidadas y se pierden por el camino pero, con este relato... ...me hiciste retroceder en el tiempo. Ojalá yo fuera como Alina y fuera una de las elegidas, claro que lamentablemente ya no soy una niña aunque lo parezca, pero, espero que a Santa no le importara mucho. La verdad es que ya sabía de su existencia hace tiempo: fue un buen hombre, un hombre generoso, bueno y fuera de lo común hoy en día, que se dedicó a ayudar a los niños pobres, una persona genial, algo admirable lo suyo ¡Quiero que venga a por mí! ¡Por favor! ¡Que yo no quiero estar aquí!

Besitos y te doy un 100 o más :)

Esther dijo...

Por cierto, hermanita, esa música es super bonita y en el blog suena aún mejor y no sé por qué.

Besitos.

carlos dijo...

Todo un regalo el que nos desvelas,la existencia de la ilusión.
Y tu historia está llena de ella.De la magia de un cuento.
Felicidades!

abulico dijo...

Un cuento precioso. Creo que despues de leerlo soy un poquito más feliz ;)

Feliz Navidad!!!

Saluditos!!!

Alatriste dijo...

Nunca hay que dejar morir al niño que habita dentro de nosotros. Un cuento precioso, amiga. Me iré a la cama con una sonrisa hoy.
Me alegró mucho recibir noticias tuyas. Eres un encanto y es que me gusta saber de ti. Cuídate y disfruta de la Navidad y no te obsesiones con ningún tema. Las cosas pasan cuando tienen que pasar. Todo tiene su momento. Mientras encuentras lo que buscas, aprovecha cada minuto para ser feliz y para hacer cosas. Así que si quieres ver Londres, ya sabes donde está en el mapa. Es un sitio precioso. Te deseo unas felices fiestas y te agradezco tu amistad en este difícil año para mí. Eres muy grande, pequeña. Un beso.

Alatriste dijo...

Vine a ver si me deleitaba de nuevo con uno de tus cuentos y ya aprovecho para dejarte un beso cariñoso y mis mejores deseos para el fin de semana.
Me alegró mucho encontrarte más animada. No desesperes, niña. Ya verás como el 2.009 es tu año.
Un beso muy grande y recuerda que estoy de tu lado.
Hasta pronto.

BEA dijo...

Mi niñaaaaaaaaaaaaaaa eres la mejorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

Alatriste dijo...

¡Hola amiga!, vine a dejarte mis mejores deseos para el nuevo año. Espero que hayas pasado unas fiestas estupendas y que ahora los Reyes se porten muy bien contigo. Como has sido buena, seguro que te traen muchos regalitos. Je, je, je.
Decirte también que fue una suerte para mí encontrar tus palabras en el 2.008 y que es un placer leerte. Así que no te vas a librar de mí en el futuro. Je, je, je.
Un beso muy fuerte, cuídate mucho y que te vaya bonito. Hasta pronto.