A ORILLAS DEL SENA.



Una luz cegadora la despertó de su sueño. Laurélie se aproximó lentamente a la ventana y observó la espléndida estampa de Pont de l'Arche, en parte, quebrado por las calmadas y azuladas aguas del Sena donde esta vez se asentaba un lindo y colorido arcoiris cuya luz parecía atravesar el cristal. Laurélie salió a pasear a la ribera del río. Era una apacible mañana primaveral en la que el sol gratamente acariciaba su fina blanca piel traspasando su celeste vestido azul. Acomodada sobre una fría roca, ya en la cuarentena, cuan frágil, como hermosa, sus preciosos ojos color miel parecían atisbar más allá de la profundidad del río y mientras una suave brisa peinaba su enredada y oscura melena, su ausentada mente comenzó a hablarla muy muy despacito, evocando aquellos recuerdos del pasado, remontados a su niñez. Aquella etapa de su vida, ahora tan lejana junto aquella esbelta y extraña figura de grandes y curiosos observadores ojos azules que raudamente parecían mirar a todas partes, en la que sus negros,larguísimos y ondeados cabellos cubrían parte de su menudo rostro. Era ella, cuya existencia la escudaba de los peligros que la acechaban, ella la más, su más grande, fiel e íntima compañera, la mejor de las amigas, aunque no supiera de su nombre, ni tan siquiera su procedencia. Pero, lo cierto es que con ella las horas transcurrían presurosas entre alborozos y risas. Y con ella, ya nada más existía, nadie más existía, ni tan siquiera el tiempo, el cual al lado de la misteriosa mujer languidecía. Ella era la misma, que apareció aquella noche de pesadilla en la que Laurélie pacíficamente caminaba junto al río Sena junto con su profesora y compañeros de clase sin percatarse de que aquellos miserables hombres les perseguían. Hasta que, Miléna, la profesora advirtió el peligro y fue, entonces cuando con tono exaltado gritó:

-¡Corred, corred, niños! ¡Rápido!

Y todo sucedió, mientras aquellos malvados hombres lanzaban sus flechas sin piedad una y otra vez. No había escapatoria. Había llegado el final y Laurélie lo sabía, en realidad todos lo sabían. Y todo, sucedió cuando Laurélie entrevió aquel invisible muro de cristal como salido de la nada en el que sin dudar malherida se ocultó observando impotente el trágico final de sus compañeros.Y después todo había terminado y el muro de cristal desapareció y allí estaba aquel rostro el cual, observó por vez primera. Ella apretó fuertemente su mano, su pequeña mano de niña asustada y fue, cuando entonces,cuando los ojos de Laurélie se abrieron, como en cada nuevo amanecer y ahí estaba ella, aquella joven, lozana mujer como recién salida del mismísimo sueño observándola atenta, sosegadamente desde su lecho y fue, ahí en ese mismo lugar donde se consumó el extenso lazo de la amistad, de su secreta amistad. Y así fue, durante mucho tiempo hasta que un atardecer de un caluroso verano, Laurélie contempló la silueta de aquella mujer adentrándose decidida en el río. Vestía igual de bella, igual de majestuosa que de costumbre, con su largo y radiante vestido azul, del mismo azul de las aguas del río y de repente su figura se desvaneció, se desvaneció de para siempre bajo la profundidad de las aguas. Y ahora, ella estaba allí, acomodada sobre aquella roca mirando al vacío, a la nada y fue cuando sus ojos se alzaron lentamente hacia el cielo pero, no había nada más, nada más que las nubes cubriendo la inmensidad del azul.

20 comentarios:

Dinorider d'Andoandor dijo...

mudaste los bonitos escritos a un nuevo hogar! bien!

amor dijo...

y el cielo le dijo que todo aquello que había vivido era verdadero y obra al fin del cielo

Esther dijo...

¡Hermanita! Esto me suena a un sueño que tuviste y que me contaste ¿verdad? Pero, algo modificado. Tú eres la protagonista. En el sueño, la protagonista sí que puede decir que eso es volver a nacer.

La mujer mágica, me gustaría verla.

Besitos.

Alatriste dijo...

Tus relatos siempre me hacen viajar. No conozco el sueño del que habla tu hermana, pero esta historia me encantó. Je, je, je. Siento que pases por idénticas penalidades que yo, pero bueno, al menos así nos consolamos mutuamente. Me gusta saber de ti, almita azul. Tenlo claro. Para lo que quieras, estoy de tu lado. Un beso muy fuerte y cuídate. Ánimo y escribe, que se te da estupendamente. Hasta pronto.

Alatriste dijo...

Vine a dejarte un beso y a leerte antes de irme a dormir. Espero que escribas pronto y que estés bien. Besos y cuídate, guapa.

BEA dijo...

Una historia bellísima mi niña. Como siempre tus palabras tan llenas de magia y tan bien narrado.
Mi niña a ver si un día te escribo, y nos contamos nuestras cosillas y así intentaré animarte un poquillo.
Un besazo enorme preciosa!!!

-Diana- dijo...

Llevo un montón sin pasar por algunas de tus letras... mmm me ha encantado lo que he encontrado en este particularmente... Te dejo un abrazo...

Y te informo que he cambiado la dir de mi blog... www.utopiasinfinitas.blogspot.com

Jean Paul "X" dijo...

Los sueños
son lo mejor =)

Bueno...
que este muy bien
y se cuida ;)


=D


(``•.¸ (``•.¸ ¸.•`´) ¸.•`´) ®
«´¨ •.¸Jean Paul "X"¸¸.•´`»
(¸.•`´ (¸.•`´ ``•.¸) ``•.¸)

Alatriste dijo...

Dedícate a lo tuyo, amiga, termina y luego sé libre. Te espero como no podía ser de otra forma, aunque te echo de menos. Tus opiniones siempre son un rayito de luz. Mucha suerte y que te salgan bien las cosas. Ánimo. Estoy de tu lado. Un beso enorme.

Alatriste dijo...

Gracias por confiar en mí. Eres un encanto y espero de todo corazón que te animes muy pronto. Debes hacerlo, porque eres una chica estupenda y el mar está lleno de peces. No estés al lado de alguien que te haga sufrir. Un beso fuerte y ánimo. Yo estoy contigo.

Alatriste dijo...

Gracias por volver y contarme más cosas de ti. Siento muchísimo que no vivas tus mejores momentos. Pero eso nos pasa a todos en algún instante de nuestra vida. No abandones, amiga. Sigue luchando y escribe como forma de desahogo. A mí me ayudó mucho. Si puedo hacer algo por ti, ya sabes donde estoy. Un besazo y cuídate. Ánimo.

Alatriste dijo...

Besitos domingueros. Ánimo. Cuídate.

BEA dijo...

Mi niña, sabes que te adoro?

Muaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

Alatriste dijo...

Mira que a mí a pesadito no me gana nadie. Je, je, je. Vuelve, ¿no? Un beso y espero que estés bien. Hasta pronto.

Alatriste dijo...

Me encanta que confíes en mí, niña. Así que hazlo siempre que lo necesites. Claro que me interesan tus cosas. No me digas eso más por favor. Me preocupo por ti. Creo que deberías de pasar página. Aunque te cueste, pero esa persona te hace sufrir, aunque lo haga de forma inconsciente. Pero si tú sientes algo y él no te lo da, debes alejarte y darte la oportunidad de rehacer tu vida, de hacer otras cosas. Mucho ánimo, guapa. Un beso fuerte y estoy de tu lado. Vuelve cuando estés preparada. Cuídate.

Bea (la chica de ojitos marrones) dijo...

Guapaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa eres la mejooooooooooooooooorrrrrrrrrrrrr

abulico dijo...

te habia perdido la pista...me alegro de volver a encontrarte. Una preciosa historia.

Saludos!!!!

Alatriste dijo...

El veranito se acerca. ¿Volverás? Fue mi cumpleaños hace poco y todavía hay bullicio de fiesta. Te invito. Je, je, je. Cuídate. Besos.

Alatriste dijo...

Gracias por felicitarme por mi cumpleaños. Nunca es tarde si la dicha es buena. Je, je, je. Así que eso hago yo también. Confío en que tuvieras un cumpleaños muy especial. Feliz verano, amiga y anímate a volver. Un beso.

Carlos dijo...

Incluso en un caluroso día de verano, a estas horas cuando el sol oculta todo rastro de ellas siguen refrescando las estrellas :)
Hola! Por fin puedo acceder y si París es un lugar con el que sueño que mejor forma de comenzar a leerte que a la vera del Sena.
Es una historia bellamente narrada y que como el río no muere.

Felicidades por el blog!