EL MENSAJE.




Isabel asomó de nuevo su diminuta cabeza a través de la ventana de su habitación desde el fastuoso Hotel Monte Igueldo. La brisa peinaba sus grises y ondeados cabellos tal como si fuera un peine de cristal. Una excelente vista se levantaba ante sus envejecidos, cansados ojos. Justo al lado, la despoblada Isla de Santa Clara, como siempre tan majestuosa frente a la destacable Playa de La Concha. Isabel respiró hondo, un suspiro quedo emitió de su boca. De inmediato un sinfín de imágenes, palabras y sonidos parecieron emerger desde la más oscura profundidad de las aguas hasta confundirse con la ya violácea línea del horizonte. Palabras, imágenes, sonidos de un suave sabor a sal azorados, golpeando sin piedad las rígidas paredes de su mente. Fue entonces cuando aunque, por tan sólo unas cuantas milésimas de segundos su añorada infancia se postró a su lado junto a aquella angosta callejuela, compartida con su gran e inseparable amiga Leonor, hija de Leonor Coello, también amiga de su amada madre, famosilla nata por aquel entonces, debido a la invención de su muñeca: “Mariquita Pérez”,copia exacta de su propia hija ya que, poseía el mismo cabello moreno de Leonor, liso y cortado a melena, los mismos ojos oscuros y redondos, e incluso la misma vestimenta, lo cual resultaba novedoso en aquella época, y extrañamente divertido para Isabel y la madre de ésta. Y de nuevo aquellas inocentes vocecillas infantiles, aquellos gritos, aquellas risas, aquellos ingenuos juegos infantiles junto a “Mariquita Pérez” antes de la hora del almuerzo conformaron memorias adormecidas por el real transcurso de los años que ahora se desvelaban dolorosamente en su mente. Y así, presurosamente, del mismo modo volvieron aquellas terribles agonizantes memorias en la Catedral del Salvador enlazadas al inafortunado y desgarrador entierro de su difunta madre, a la desoladora despedida de Leonor, de su forzada marcha hacia Valencia, donde tía Isidora y Arcadia, la nueva compañera sentimental de papá tras el divorcio de su mamá, la esperaban. Pese a la dureza de los tiempos, Isabel recordaba con gran cariño la convivencia con su tía Isidora, hermana de mamá, una pobre, humilde y sencilla mujer trabajadora y a Arcadia, la esposa de papá, que pese a su cortesía nunca superaría a mamá…Y así, estaba la anciana Isabel, con mirada ausente, fija al horizonte, entretenida en sus recuerdos, en fugaces momentos del ayer hasta que un fuerte ¡Plaf! la hizo sobresaltarse y volver a la realidad. La anciana, enervada dio unos cuantos pasos hacia adelante desde la ventana y con ansiosos movimientos intentó averiguar de donde procedía aquel estruendoso ruido, nada advirtió hasta que, al cabo de unos segundos volvió a oír un sonido similar pero, percatándose esta vez de la puerta entreabierta de su guardarropa. Sin dudar, la mujer abrió precipitadamente el armario donde halló a “Mariquita Pérez” ataviada con un vestido Vichy de rayas rojas y blancas, dos lazos en el pelo mismo tejido y zapatillas a juego. ¿Cómo podía ser? Se preguntó Isabel, ella era justamente la muñeca de su amiga, la misma con la que ambas jugaban en aquella fea calleja. Isabel la cogió a “Mariquita” asombrada estrechándola entre sus brazos, tiernamente la depositó sobre su mesita de noche, y en un abrir y cerrar de ojos se durmió, hasta que la encendida y molesta luz de la lámpara la despertó y en lo que es un santiamén el mismo estridente ruido de antaño escuchó.

-¿Quién anda ahí?-Preguntó.

Y fue entonces, cuando se percató de que “Mariquita Pérez” ya no se encontraba sobre la mesita de noche. Atemorizada, la anciana creyó ser víctima de un robo más, no osó de llamar a la policía finalmente, supuso haber sido un despiste de su aún amueblada cabeza hasta que, de nuevo abrió el armario y observó atónita anexa a “Mariquita Pérez” una ambigüa pluma sobre una nota cuya letra le resultaba familiar.

“No desesperes, amiga mía porque, a pesar del tiempo que pasó lo importante es que ahora estamos aquí juntas, unidas para siempre y yo hoy he venido a buscarte. Ahora que has leído mi nota abre la puerta que hay al fondo de tu armario, tras tu ropa, tras estas perchas. No temas. Yo estaré ahí con los brazos abiertos para recibirte, como siempre.

Leonor. ”


Historia creada para foro Nuncajamás (http://www.notemuerdaslalengua.foroespana.com/), tu lugar, tu paraíso de letras.

6 comentarios:

Esther dijo...

¿Una puerta en el fondo del armario? ¡Qué misterioso! Me recordó a que de más joven, fantaseé con la idea de encontrar un árbol mágico que tuviera una puerta y que se abriera... y hasta lo busqué un poco durante un tiempo ¡qué loca! XD Eso sólo pasa en las películas. Pero, está muy bien. Me gusta como ambientas la historia en el contexto de Mariquita Pérez, cómo integras a los personajes. Pero,tendría una pequeña critiquita para ti. Sorry, hermanita, no me gusta hacerlo pero, en el Foro de Nunca Jamás, como dicen que es un taller, cada uno damos nuestra opinión, no sólo diciendo puntos fuertes. Aunque a mí me gusta decir sólo puntos fuertes, capaz que lo dejo.Ya te lo diré por allí. Pero, me gustó y me alegra mucho que vuelvas a escribir. Está muy bien y me recordó a San Sebastián que es una ciudad preciosa.

Saluditos.

Esther dijo...

Y a la iglesia del Salvador, ¿te refieres a esa que estaba al lado del mar y que decían que tenía a alguien enterrado ahí? Creo que decían algo de eso y no sé si tendría leyenda, ¿será esa?

Besines.

Dinorider d'Andoandor dijo...

hey! a los tieeeeeeeeeempos!

Alatriste dijo...

Me alegro tanto de tu vuelta. Me dejaste sin palabras. Bien por ti, amiguita. Cuéntanos tus historias. Desborda tu imaginación. Haz lo que te dicte el corazón. Me llegó tu mensaje. Caló hondo en mí. Disfruta del verano y cuídate mucho. Ya sabes donde me tienes. Besos sureños.

Maat dijo...

Es la primera vez que entro en tu blog y me ha encantado! Prometo pasarme más a menudo y te enlazo en el mio.
Ya te diré en las votaciones sobre tu relato ;)

Fiore dijo...

Me alegra saber de ti, tanto tiempo que ha pasado, y tu inspiración sigue intacta

eso es lo maximo

bsos de esposa primeriza y Recién casada